Un taller de relojeros en los Alpes italianos
La historia empieza mucho antes que los aeropuertos: en 1725, en el norte de Italia, la familia Solari ya fabricaba relojes de torre. De aquella tradición relojera salieron dos hermanos, Remigio y Fermo Solari, que en 1948 fundaron su propia empresa en la ciudad de Udine: Solari di Udine.
Remigio era el mecánico visionario de la casa. Su invención: sustituir las agujas del reloj por paletas giratorias — pequeñas tarjetas partidas por la mitad, montadas en un tambor, que caen por gravedad y muestran números y letras con una claridad que ninguna aguja podía dar. Patentó el sistema y tuvo una segunda intuición aún mayor: aquello no servía solo para dar la hora, sino para anunciar información que cambia — trenes, vuelos, destinos.
El diseño que conquistó el mundo
En los años 50, Solari se alió con el arquitecto y diseñador Gino Valle, y de esa colaboración salió una pieza legendaria: el reloj Cifra 5, premiado con el Compasso d'Oro en 1956 — el galardón de diseño más prestigioso de Italia. Su hermano pequeño, el Cifra 3, acabaría expuesto en las colecciones de diseño de museos de medio mundo. Aquel mismo año 1956, Solari vendió su primer gran panel informativo a la estación de Lieja, en Bélgica.
Lo que vino después fue una conquista silenciosa (bueno — bastante ruidosa): en los años 60 y 70, los "tableros Solari" se convirtieron en el estándar de aeropuertos y estaciones de Europa, América, Asia y África. Décadas antes de que existiera el píxel, el split-flap era la manera más moderna del planeta de mostrar información viva.
CÓMO FUNCIONA LA MAGIA
El tambor: cada casilla contiene decenas de paletas con caracteres, montadas en un eje que solo gira hacia adelante. Para llegar a la "R", el tambor pasa por todas las letras intermedias.
El clac: cuando una paleta supera el punto más alto del tambor, la gravedad la vence y cae de golpe sobre la anterior. Ese golpe seco, multiplicado por cientos de casillas, es el famoso clac-clac.
La coreografía: al actualizarse el panel, todas las casillas arrancan a girar a la vez, pero cada una se detiene al alcanzar su letra — unas antes, otras después. Esa cascada de paradas, que termina en silencio cuando el mensaje queda compuesto, es el momento hipnótico que todo el mundo recuerda.
La desaparición
A partir de los años 90, las pantallas LED y LCD fueron ganando la batalla: sin piezas móviles, sin paletas que se atascan, sin motores que engrasar y con costes de mantenimiento mínimos. Aeropuerto a aeropuerto, estación a estación, los tableros mecánicos se fueron apagando. Hoy quedan poquísimos en servicio, convertidos en objetos de peregrinación: el más célebre, el panel Solari original de 1962 de la antigua terminal TWA del aeropuerto JFK de Nueva York, restaurado con su mecánica auténtica para el TWA Hotel en 2019 — la gente va a verlo (y a escucharlo) como quien visita un monumento.
Lo curioso es que las pantallas que los sustituyeron informan igual de bien… pero nadie levanta la vista por ellas. El split-flap no solo daba información: creaba un pequeño acontecimiento cada vez que algo cambiaba.
Por qué nos fascina todavía
El secreto del split-flap es que se dirige a dos sentidos a la vez. El movimiento — cientos de paletas girando en cascada — atrapa la vista por puro instinto. Y el sonido anuncia el cambio antes de que puedas leerlo: el clac-clac es una promesa de novedad, un "atención, algo está a punto de decirse". Esa combinación de expectación y resolución es teatro puro, y ningún panel LED la ha replicado jamás.
Cómo revivir el mito hoy (sin motores ni grasa)
Comprar un panel mecánico real sigue siendo posible — y magnífico — si se dispone de varios miles de euros y ganas de mantenimiento. Construirlo con impresión 3D es un hobby precioso de meses. Pero hay una tercera vía que no existía hace unos años: recrearlo por software en la pantalla que ya tiene, con las mismas paletas girando, la misma coreografía en cascada y el mismo clac-clac — actualizable desde el móvil y sin una sola pieza que engrasar.
Es exactamente lo que hace Flappit: convierte cualquier televisor o pantalla en un panel split-flap vivo para hoteles, restaurantes, clínicas, oficinas o su propio salón. En nuestra guía le contamos las tres maneras de tener un panel tipo aeropuerto, con precios y pasos. O pruébelo ahora mismo: escriba un mensaje en la demo y véalo girar con sonido.